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February 09, 2018

Lo nuevo en incentivos al ahorro de las personas*

Nuevos incentivos al ahorro personal - más allá de los llamados de fin de año a aprovechar el beneficio tributario del APV - comienzan a probarse. Gracias al progreso en economía del comportamiento y como en un laboratorio, se puede observar la reacción a diversos estímulos y medirla en referencia a un grupo de control.

Cierto es que  los premios puramente monetarios dan resultado. Ejemplos en Chile: los subsidios a la vivienda social atados a cumplimientos de ahorro previo y el incentivo tributario de 15 por ciento al ahorro previsional voluntario. Solo en las AFP se han abierto 104.000 cuentas nuevas de APV en los últimos doce meses. Lo mismo en los fondos mutuos. Banco Estado tiene ya 90.000 ahorrantes de ingreso medio acogidos al régimen A, fuera de los casi 5 millones de personas en ahorro para la vivienda y los cerca de 13 millones en cuentas de ahorro tradicional.

¿Qué más ofrecer aparte de los incentivos tributarios para ayudar a subir las tasas de ahorro?

Primero, reconocer que fomentarlo no es fácil. Ahorrar puede ser muy aburrido. Nuestras conductas de ahorro incluyen capacidades limitadas de atención, miopía, sesgos a ponderar más lo más reciente. También la inercia y la procrastinación.

Tres son las herramientas de intervención que se están probando: la mensajería de texto persuasiva, los pactos formales de transferencia automática y la entrega de kits que persiguen formar hábitos en hogares de menores ingresos (magnetos, juegos, etc.)


Los resultados en países menos desarrollados dan cuenta de efectos positivos en distinto grado para cada una de esas herramientas. Para Chile en cambio, la evidencia preliminar - (Banerjee, Martínez y Puentes; 2017) - muestra que los ahorrantes potenciales responden muy poco a los estímulos no monetarios. Solo los contratos de abonos automáticos muestran algún modesto éxito. Peor aún, la sola mensajería recordatoria parece contraproducente. Quizás porque en un mercado donde está tan masificado el acceso al crédito de consumo, la persuasión sicológica necesita mejores armas. Desde luego más entretenidas y seductoras. Una de ellas es la aplicación sueca Qapital, que varios bancos internacionales han dispuesto en los celulares de sus clientes. Estas aplicaciones permiten asociar metas y conductas de ahorro a ciertos propósitos como por ejemplo, resistir tentaciones, recibir refuerzo y compañía en el proceso. Una versión local de aquella es la que provee la startup Ubank. No todo es APV.

*El autor es Vicepresidente de Banco Estado.- Publicado en Diario Pulso.

October 06, 2009

Inscripción automática, donación promisoria



La donación de órganos es uno de esos campos donde el diseño de políticas puede beneficiarse de los avances de la rama conocida como Economía del Comportamiento (Kahneman, Tversky, Goffman y Thaler, entre otros).

Si siguiéramos un enfoque de economía tradicional, la decisión individual de transferir órganos estaría dada por las propias preferencias, los valores y las creencias pero si extrapolamos el economicismo, también por los precios relativos y la restricción presupuestaria.

Aunque se ha sabido de personas que ofrecen comprar o vender órganos en E-Bay u otros sitios, el hecho es que las sociedades repugnan la idea. Nadie quiere ver a los más ricos comprando su lugar en listas de espera y menos a pobres haciendo caja con trozos de su cuerpo.

En cambio, son los arreglos altruistas formales los que sirven hoy al propósito de salvar y alargar vidas en muchos países. Así circunscrito, el problema se traduce entonces en cómo maximizar la oferta. Y es aquí donde la forma concreta que se elija para comprometer las donaciones puede ser crucial para que el sistema funcione. Son dos las alternativas conocidas de reclutar donantes:

(a) Pedir manifestar expresamente la voluntad de donar, por ejemplo, al renovar nuestro carnet de manejar;

(b) Ser inscrito “por defecto” y tener luego la opción de deslistarse. Este último es el criterio que sigue el proyecto de Ley que se discute en Chile. Toda persona mayor de 14 años será considerada donante una vez fallecida, a menos que en vida haya manifestado su intención o voluntad de no serlo mediante simple declaración escrita y firmada.

La respuesta tradicional en economía sería que (a) y (b) dan lo mismo. Si los costos de registrarse o borrarse son similares, la nómina de oferentes potenciales tendrá el mismo tamaño.
Sin embargo, los avances en Economía del Comportamiento nos sugieren que no es así y que la forma de preguntar (lo que se conoce como ¨framing¨) condiciona las respuestas, y con ello, la longitud de la lista de donantes potenciales. Así lo muestra la experiencia Europea. Un estudio citado por Richard Thaler encontró que las tasas de consentimiento son mucho más bajas cuando se obliga a manifestar la voluntad expresamente. La diferencia es especialmente notable entre naciones culturalmente similares como Alemania y Austria. (Fuente de gráfico arriba : “Do Defaults Save Lives?” Eric J. Johnson and Daniel Goldstein. Science 21 November 2003:Vol. 302)

La interpretación de los autores es que, ante temas que envuelven reflexiones relativamente más profundas, el (bajo) costo de pronunciarse no es lo más relevante. Lo más costoso en cambio, sería el proceso de discernimiento en sí. Por lo tanto, lo más barato sería la inacción y la respuesta por omisión sería la opción dominante.

Así entonces, el proyecto Chileno en trámite (conocido como ley del Donante Universal) ofrece perspectivas de mejorar ostensiblemente el potencial de donantes dada su característica de inscripción automática con des-inscripción voluntaria y, entendemos, sin parientes con derecho a veto.

Solo nos queda esperar la pronta conclusión legislativa para una ley que parece estar estancada en la Cámara de Diputados mientras muchos esperan su posibilidad de alargar la vida.